Los programas y políticas se realizan para enfrentar necesidades específicas. Por ejemplo, podríamos observar que la incidencia de la diarrea en una comunidad es particularmente alta. Esto puede deberse a comida o agua contaminada, mala higiene o cualquier otra explicación plausible. Una evaluación de necesidades puede ayudarnos a identificar la fuente del problema y a aquellos más perjudicados.
Por ejemplo, el problema podría deberse al escurrimiento de fertilizantes orgánicos que están contaminando el agua que beben ciertas comunidades.
La evaluación de necesidades es un enfoque sistemático para identificar la naturaleza y el alcance de un problema social, definir la población objetivo a ser atendida, y determinar la atención que necesitan para hacer frente al problema.
Una evaluación de necesidades es esencial, porque los programas serán inefectivos si el servicio no se diseña adecuadamente para atender las necesidades o si las necesidades realmente no existen. Por ejemplo, si las fuentes que contaminan el agua potable están relacionadas con la agricultura, las inversiones en infraestructura de saneamiento, tales como baños y sistemas de alcantarillado, podrían no resolver el problema. La evaluación de necesidades puede ser conducida utilizando indicadores sociales, encuestas y censos, entrevistas, etc.