Al planear una evaluación es importante identificar las preguntas claves que la organización quiere responder. De éstas, podemos determinar cuántas pueden ser respondidas revisando las evaluaciones de impacto previas o de un sistema mejorado de evaluación de procesos. Asumiendo que no podamos responder todas nuestras preguntas, debemos entontes escoger algunas que tengan mayor prioridad, que serán el principal objetivo de nuestra evaluación de impacto. Finalmente debemos elaborar planes para responder la mayor cantidad posible de estas preguntas, teniendo siempre en cuenta que unos pocos estudios de impacto de alta calidad son más valiosos que muchos estudios de baja calidad.
El primer paso en una evaluación es revisar las metas del programa y cómo esperamos alcanzarlas. Un marco lógico o un modelo de teoría de cambios son útiles en este proceso (ver Evaluación Teórica del Programa). Al evaluar el propósito y estrategia de un programa, debemos identificar los resultados clave, los caminos esperados para lograr aquellos resultados, y algunos hitos que nos indiquen que vamos por buen camino. Como es de esperar en una evaluación, estos resultados e hitos necesitarán ser medidos, y por lo tanto transformados en indicadores y, finalmente, en información (ver Objetivos, Resultados y Mediciones).
Sólo después de tener una buena noción de las vías y ámbitos de influencia, y de tener planificado cómo medir nuestros progresos, podemos pensar en el diseño de la evaluación.